lunes, 17 de marzo de 2025

Sobre la cuestión del rearme europeo y el gasto militar y el debate en algunas izquierdas


 

En el debate público ha aparecido con toda su crudeza, urgencia y complejidad la cuestión de la Defensa europea. No es nuestro tema preferido pero es uno de los que nos marca la época. Desafortunadamente algunas izquierdas han empezado la discusión por el final y han quedado atrapadas en la cuestión del incremento del gasto militar, fijando planteamientos de oposición por principios a cualquier incremento, desde una posición moral apriorística sin ninguna voluntad de atender al contexto. Para intentar ser útiles y dar respuesta a las preguntas adecuadas, propongo hacerlo al revés, a la manera clásica. Primero analizar el contexto global, y a partir de ahí los riesgos y amenazas. Con ese análisis, podemos entonces diagnosticar las necesidades, tanto estatales como europeas. Y con esas necesidades o “gaps” descritas ya discutir sobre los recursos necesarios y su financiación. Por último, creo importante no obviar algunas consideraciones sociales y políticas. 



Contexto geopolítico cambiante


Es ya sentido común que las relaciones internacionales y el contexto geopolítico están en un cambio histórico, en un cambio de época. Con profundas afectaciones para la UE. Hay una Rusia imperialista y revisionista que está invadiendo a Ucrania y que plantea una amenaza latente sobre otros países de la UE y/o de la OTAN. La administración Trump por su parte asume también e impulsa una visión del mundo basada en zonas de influencia (la suya sería el hemisferio americano) y relaciones de vasallaje con terceros. El multilateralismo, el derecho internacional y el sistema Naciones Unidas son obstáculos a esta lógica multipolar. Superada la ilusión de la UE de lidiar con Trump a lo transaccional (a través de favores comerciales principalmente), se impone una discusión si tendrá una relación con la UE neutral/aséptica o confrontacional. Lo que sí parece claro es que la UE debe hacerse cargo de su seguridad y defensa (el paraguas de protección norteamericano se ha evaporado de hecho) y a la vez hacer frente a la pinza Trump-Putin. A través de distintos métodos, ambas administraciones comparten la voluntad de debilitar, desagregar y desnaturalizar la UE ya que ésta choca con su agenda geopolítica, sus intereses comerciales y sus valores ideológicos.


Análisis de riesgos y amenazas

No siempre es fácil cuantificar y dimensionar el riesgo de una amenaza. En el caso que nos ocupa la amenaza rusa de ataque militar (asumidos ya los ataques “híbridos”) sobre algún país de la UE. En este sentido, es útil utilizar distintas aproximaciones. Lo que no sirve es basarse en sensaciones ni en opiniones que se ajusten a las propias creencias de uno (y menos aún si están bañadas de comprensión o rechazo emocional hacia Rusia). En primer lugar, hay que ver lo que dicen los servicios de inteligencia europeos. Todos plantean y concluyen que el riesgo/amenaza rusa de un ataque militar convencional sobre un país de la UE y/o OTAN es cierto, probable y real, aunque hay matices sobre el horizonte temporal. En particular, como resume Olivier Schmitt, los servicios de inteligencia suecos, holandeses, británicos, alemanes y daneses anticipan el escenario que habrá un ataque (militar convencional) ruso sobre algún país europeo en los próximos cinco años (sin precisar su profundidad). En cambio, los franceses, aunque no lo descartan, son más laxos con la temporalización. Los servicios de inteligencia de los países del “este” aún emiten mayores señales de emergencia y proximidad temporal. Es una actitud habitual en las izquierdas -y hasta saludable- ser precavidos con lo que dicen los servicios de inteligencia pero convendría atender a tanta unanimidad, y al hecho que en particular los servicios de inteligencia de los países bálticos anticiparon la invasión rusa de Ucrania, no así los tertulianos de la geopolítica.

En segundo lugar, podemos escuchar lo que están diciendo y haciendo las distintas izquierdas nórdicas y del este dada su proximidad. Las nórdicas se han replanteado completamente sus preferencias por la “neutralidad” y las del este están inmersas ya en la preparación de los planes de contingencia de sus respectivos países. Todas analizan, interpretan y actúan sabiendo que es muy cierta la amenaza de ataque ruso sobre sus países. En este sentido, vale la pena leer esta entrevista a Li Anderson (Left Alliance, Finlandia): “Europe needs to stand on its own feet”.

Y finalmente, se puede intentar dimensionar a través lo qué sabemos de Rusia. Tanto en base a la gran visión imperial y revisionista que plantea Putin en sus discursos, cómo a la planificación económica-militar que está haciendo (que va más allá de la sustitución de lo perdido en Ucrania y la posible continuidad a medio plazo de su invasión), como a su historial (invasión de Georgia y Ucrania).


Qué se necesita a nivel europeo


Es pues en este escenario en el que debemos plantearnos qué se necesita para asegurar una defensa europea integral (que asuma la defensa territorial y la disuasión). Lo ideal sería trabajar con un horizonte temporal de unos diez años (según una pluralidad de expertos) para la sustitución de todas las capacidades (en especial las de disuasión) únicas que aporta Estados Unidos al paraguas de seguridad europeo. Pero lo cierto es que no se dispone de ese tiempo. Aunque sea mejor mantener la ambigüedad y duda de si existe aún la cobertura de Estados Unidos (vía artículo 5 de la OTAN) ya que exigir una clarificación nos llevaría seguramente a la explicitación que ya no existe, lo cierto es que debemos trabajar en su sustitución con la mayor urgencia. 

No es pues suficiente (aunque sí necesario) mejorar la interoperabilidad y coordinación de los distintos ejércitos estatales. Se requieren tanto nuevas capacidades como la sustitución de las capacidades únicas que hasta ahora proporcionaba Estados Unidos.

Hay un consenso emergente en listar algunas de las capacidades que el conjunto de la UE necesita, al margen de la renovación de equipos tradicionales (terrestres y aéreos) y la ampliación de stocks de municiones (algo que hemos visto dramáticamente en las dificultades para el suministro a Ucrania). Se requiere inteligencia/información a un nivel que no se tiene, defensa aérea, capacidad de responder a ataques con largo alcance, dominio ciber, capacidades logísticas operativas y también “command and control” (disponer de los liderazgos, proceso decisorio y autoridad para el mando en los distintos escenarios). Y, especialmente, se necesita asegurar la disuasión.


Disuasión y paraguas nuclear europeo


 La disuasión es la única manera de evitar el nuevo aventurerismo militar ruso y esa será la base para cualquier posible diálogo diplomático efectivo y sin chantajes sobre seguridad. Y esta disuasión tiene que ser tanto convencional como no convencional. En lo convencional requiere que los países fronterizos dispongan de una fuerza terrestre suficiente y de activación rápida (en este informe que circula se detallan las magnitudes de lo que estamos hablando atendiendo a la sustitución de las aportaciones norteamericanas) así como de respuesta aérea solvente. La rapidez y aseguramiento de su respuesta es esencial ya que uno de los principales riesgos es que Rusia vaya testando la respuesta y límites incrementalmente (pequeñas incursiones en un país concreto y ver qué pasa y a partir de ahí continuar o ajustar…). 

La segunda pata de la disuasión es el paraguas nuclear europeo que, sin poder llegar a tener la integralidad del que generaba el norteamericano, debe ser suficiente.  Un paraguas de protección/disuasión nuclear para el conjunto de Europa y de base europea es necesario ahora que es posible que desaparezca la cobertura norteamericana. En este sentido, hay que responder positivamente al ofrecimiento de E.Macron de abrir una discusión estratégica en profundidad para defender (disuadiendo de ser atacados por actores hostiles) al conjunto de Europa con sus armas nucleares. Respetando que la última decisión sobre su uso sigue estando en manos de la presidencia francesa y entendiendo el punto de ambigüedad estratégica, debemos promover que esta protección quede vinculada al artículo 42.7 del TEU. Así mismo, podría ser de utilidad para la plena vinculación de todos los países, proponer un Consejo Asesor para la disuasión nuclear formado por los jefes de gobierno europeos de apoyo y orientación al respecto a la presidencia francesa. Es importante atender a la urgencia de los tiempos. Se requiere una discusión rápida y un acuerdo lo más pronto posible tanto para evitar permanecer en una situación indefinida de protección durante mucho tiempo como para evitar tentaciones de proliferación nuclear de otros países europeos (bálticos, polacos y nórdicos están abriendo ya la discusión de disponer de sus propias armas nucleares) que se sienten amenazados por una agresión rusa. Ello debería ser compatible con esfuerzos multilaterales de reducción del armamento nuclear, sin perder de vista que es Rusia que usa el chantaje nuclear.


Qué se requiere a nivel español

Es cierto que la distancia y barreras geográficas entre Rusia y España nos hace percibir la amenaza como distante y no propia hacia España, aunque es evidente del riesgo “existencial” si ataca territorio UE. En este sentido, las necesidades militares, de defensa y seguridad españolas son relativamente diferentes a las específicas de los países fronterizos, aunque compartamos las necesidades mancomunadas. Como señalaba recientemente Pedro Sánchez, nuestras vulnerabilidades particulares se relacionan más con lo híbrido, las amenazas en el dominio ciber y al dopaje de las fuerzas y propaganda de la ultraderecha, en sus esfuerzos por quebrar la UE desde dentro, a través de las fuerzas reaccionarias que tienen una agenda de desmontaje de la Unión. Sin embargo, también debería atenderse el estado de lo militar convencional, ya que el stock de equipos y municiones es mejorable. Sirva de referencia lo poco -cuantitativamente hablando- y el estado no óptimo de lo que se ha enviado a Ucrania como solidaridad integral (porqué no había nada más disponible). Y por supuesto, deberá valorarse lo que se aportará en clave “nacional” al esfuerzo mancomunado. 


Gasto militar y financiación


Llegamos pues a la cuestión del gasto militar. Parece -atendiendo a lo anterior- que para el conjunto europeo habrá que aumentarlo -con control- para desarrollar todos los descubiertos descritos. Es cierto y beneficioso que la interoperabilidad, la coordinación, la no fragmentación de los gastos y la economía de escala (y centrales de compra) contengan una parte del incremento y a largo plazo se pueda reducir pero todo apunta que para cubrir las necesidades explicadas éste tendrá que aumentar en el corto y medio plazo. La parte grande del nuevo gasto debería recaer en el nivel europeo y mancomunado, sin contribuir a la fragmentación, aunque esto deberá ir siguiendo una lógica gradual “fade in – fade out”. El conflicto a resolver en el interior de las instituciones europeas es si esa primera propuesta del “rearm” blinda para el futuro que el grueso de los esfuerzos sean asumidos por los estados o abre cada vez más (como pasó con salto de SURE a NextGeneration en la gestión COVID) la posibilidad que el esfuerzo sea compartido. 

Hay algunas consideraciones al incremento del gasto que deberían ser tenidas en cuenta e incorporadas a las conclusiones de los próximos Consejos Europeos para hacerlo social y económicamente asumible: debe constar el compromiso que no haya recortes de gasto europeo en otras partidas vinculadas a la protección social o a la transición ecológica y se debe recoger explícitamente la necesidad de eurobonos. Así mismo, debe ir cogiendo más peso relativo la parte “europea” de los compromisos existentes (los hasta ahora 150 mil millones de los 800 mil millones). Se puede asumir que lo urgente es más realizable vía estatal, pero lo importante, estratégico y de futuro deberá ir hacia la vía europea. Y en la medida de lo posible (hay margen para algunos capítulos, para otros en el corto plazo no tanto) el compromiso de planificar, producir y comprar en el interior de la UE (también para no generar nuevas dependencias.

De ese incremento del gasto europeo mancomunado surge la cuestión y la siguiente batalla política. Cómo se financia. Ni los ordoliberales tradicionales plantean que sea a través de recortes, así que los progresistas también deberían dejar de usar esa ficción austeritaria de gastar en “armas o en servicios sociales”. Puede y debe hacerse en los dos, además de enterrar las obsoletas reglas fiscales y evitar que compute como déficit. Y en particular a escala europea, esto debería venir de dos fuentes nuevas: deuda común e impuestos a energéticas (las que nos mantienen en la vulnerabilidad de la interdependencia fósil) y a grandes fortunas. A priori, si los conservadores no asumen un nuevo contrato social de época, plantearan fuentes no igualitarias y regresivas socialmente y allí es donde se chocará. Es posible asumir un punto de keynesianismo militar pero sin convertirlo en la fuente de legitimidad: el gasto militar (en particular en algunas áreas de investigación) tiene efecto multiplicador y puede ser provechoso socialmente, pero otros campos tienen un multiplicador/retorno superior. 


Entre las cifras de máximos que se oyen estos días -disruptivas socialmente- y el seguir como siempre como si nada estuviera pasando hay pues multitud de escenarios de cifras de incremento de gasto -insisto, principalmente a escala europea- que deben ser las transitables y susceptibles a irse ajustando. El “no a cualquier incremento” de algunas voces debería ir avanzando hacia “tengamos una discusión razonada y transparente sobre las necesidades”. Algo entre el 0 y el cheque en blanco. Y para España, con el compromiso solemne que las partidas sociales y de transición ecológica no se vean afectadas- una cierta corrección al alza del escenario 2% a 2029 puede ser más que razonable y asumible pero no incrementos de varios puntos de PIB en un periodo corto.


Algunas consideraciones sociales y políticas adicionales


La condición de posibilidad para una Europa soberana recae en la defensa y la energía. Ambos pilares son importantes: construir una defensa europea integral y con todas las capacidades (de orientación defensiva -nadie está pensando en atacar a Rusia- pero con plenas capacidades disuasorias) y una transformación verde para ser libres del chantaje autoritario, sea de Putin o de Trump. Acelerar la transición ecológica y la desvinculación de los combustibles fósiles es pues un imperativo geopolítico.

Lo peor que pueden hacer las izquierdas es auto-arrinconarse sea vía avestruz o vía decir no a todo. Es necesario que sean un actor importante en el diseño y configuración de esa defensa europea. No todos los debates son de técnica-militar, de hecho los más importantes son de naturaleza y conflicto político: qué orientación le damos (debería ser defensiva, integral y disuasoria); quién lo financia (en un contexto de incertidumbres y precariedades vitales, de inseguridades y desigualdades económicas intra-país crecientes, deberían ser los sectores más privilegiados quién asuman el coste principal); y cómo se legitima democráticamente (o establecemos desde su inicio fuertes mecanismos de fiscalización democrática comunitaria, o prevalecerá la tentación intergubernamental y la capacidad de veto de los estados). 

No he visto hasta la fecha datos detallados y muy desagregados de opiniones al respecto según socio-economía o posiciones políticas. Pero en este tema creo que las izquierdas deberían optar por un rol de liderazgo, pedagogía y claridad, no el de ser acomodaticias a inercias de posicionamiento. Lo cierto es que intuyo que el grueso de la población a la que queremos representar entiende que el mundo es más peligroso y que las amenazas sobre la UE son serias. Para ello entiende que haya mayor esfuerzo en las cuestiones de seguridad. Pero sí exige una cierta claridad en la explicación, que las magnitudes no sean disruptivas, ni que el esfuerzo sea sustituyendo las políticas sociales y de bienestar. No creo que desee que la discusión en defensa pase a ocupar la centralidad de sus vidas, ni que valore que el motor de la explicación sea el alarmismo. Claridad y un horizonte de certidumbre sin generar ansiedad añadida puede ser lo más necesario, así como ayudar a digerir la velocidad e intensidad de los cambios.

España debería intentar que esta discusión no la paralice. Un pacto de estado para una Europa soberana puede ser un buen vector para contribuir a un nuevo contrato social que también implique las cuestiones de seguridad.  Es importante que la adaptación hacia esta nueva época sea hecha y vivida como un esfuerzo de país, no como una tarea únicamente del gobierno. Para ello debería impulsarse un Pacto de Estado para la contribución a una Europa Soberana (en primer lugar político, y que después sea ampliable a agentes sociales) con los siguientes contornos: a) Debe ser liderado por el gobierno e incluir a todas las fuerzas políticas (izquierda, socialdemocracia, conservadores, liberales y nacionalistas) que no sean funcionalmente útiles a la agenda de Trump o Putin (de debilitamiento de la UE), lo que implica la exclusión de VOX. Debe privilegiar la relación con el PP, contribuyendo a su desvinculación de la extrema derecha y un diálogo reforzado con todos los partidos; b) Debe asumir una fiscalidad especial (mantenimiento a las energéticas, profundización a las grandes fortunas) para garantizar nuevas necesidades en defensa; c) Debe promover la transferencia parcial a ámbito UE de las competencias/capacidades en defensa; d) Debe asumir el compromiso con las renovables y la descarbonización como garante de la independencia energética; e) Debe asumir la necesidad de no rebajar el gasto social ni el vinculado a la transición ecológica; y f) Debe privilegiar el cuidado (también desde los instrumentos UE) de los potenciales sectores afectados, también  por conflictos arancelarios y replanteamiento de las principales redes comerciales.


No cabe duda que estas cuestiones no son las preferidas para hacer propuesta en las izquierdas. Yo mismo, como decía alguien a quien aprecio, estoy interesado en las cuestiones europeas e internacionales para intentar articular la Internacional Climática, no para especializarme en lo militar. Pero este es el contexto, y es un reto fundamental y existencial para la UE, y sobre lo que hay que hacerse cargo. El riesgo de ataque ruso -aunque no es la única amenaza que afecta a la UE claro está- es cierto y doble: en lo militar-convencional sobre algún país de la UE; en lo híbrido hacia la desestabilización y ruptura interna de la UE y de sus estados miembros. Decía Carlos Corrochano, Vivimos un auténtico cambio de época: si las izquierdas nos aferramos a nuestra zona de confort, no solo quedamos relegadas a la más absoluta irrelevancia, sino que corremos el riesgo de acabar —como solemos decir pomposamente— en el «lado incorrecto de la Historia».




Imagen superior vista en https://www.normaeditorial.com/noticia/edicion-integral-de-quai-dorsay-por-abel-lanzac-y-christophe-blain sobre el Comic QUAI D’ORSAY


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